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La rotura fibrilar, llamada también desgarro muscular o rotura de fibras, es una lesión frecuente en la práctica deportiva caracterizada por la rotura o el desgarro de varias de las fibras que componen un músculo. Este mal afecta sobre todo a las piernas, por cuestiones como la realización de gestos explosivos o  de cambios bruscos de ritmo. Sus síntomas más habituales son el dolor repentino e intenso y la aparición de un hematoma producido por la rotura de los vasos sanguíneos del músculo.

Tal y como apuntan nuestros médicos especialistas en rotura fibrilar, su gravedad y el tiempo de recuperación dependen de factores como el músculo y el número de fibras afectadas. En cualquier caso, es imprescindible ponerse en manos de profesionales en desgarros o roturas en Mallorca para recibir el tratamiento más acorde a cada circunstancia.

Cómo afecta la rotura de fibras a los deportistas

Las roturas de fibras o los desgarros musculares son especialmente frecuentes entre los deportistas.  Por lo general, suelen relacionarse con gestos rápidos, explosivos o que implican cambios potentes de velocidad. Estas acciones provocan que las roturas tengan especial incidencia en las piernas, sobre todo en los gemelos, en los aductores, en los isquiotibiales o en el sóleo. No obstante, pueden producirse en cualquier músculo de nuestro organismo y aparecer en otras zonas como los brazos o los abdominales.

Aunque las principales causas de las roturas de fibras tienen que ver con la práctica de ejercicio sin un calentamiento adecuado o como consecuencia de un traumatismo, hay otros factores que pueden contribuir a su aparición:

  • El sedentarismo: esta forma de vida provoca la debilidad del tejido muscular.
  • Una alimentación y una hidratación inadecuadas: son aspectos que debilitan y hacen más frágiles los músculos.
  • Patologías metabólicas como la diabetes: estas enfermedades suponen una agresión al tejido muscular.
  • La mala circulación: provoca que llegue menos oxígeno al músculo, que se fatigue más y que tenga una mayor tendencia a romperse.

Cómo afrontar una rotura fibrilar

Los principales síntomas asociados a esta lesión muscular son fácilmente identificables. Produce un dolor intenso, brusco y repentino (a modo de un pinchazo, de un tirón o  de una pedrada) que, en ocasiones, propicia la aparición de mareos y de sudor frío. Además, la rotura de los vasos sanguíneos se manifiesta mediante un hematoma en la zona. En los casos más graves, puede incluso llegar a impedir el movimiento  muscular.

El tratamiento de la rotura fibrilar suele mostrar sus resultados entre las 3 y las 12 semanas. Aunque generalmente este problema se soluciona sin dejar secuela alguna, es imprescindible su abordaje correcto para conseguir la mejoría lo antes posible y evitar las recaídas frecuentes de roturas de fibras.

En función de cada paciente, los médicos y los fisioterapeutas de nuestro centro de dolor crónico en Mallorca recomendarán las pautas más adecuadas. Entre ellas:

  • Reposo: el descanso durante los primeros días evita la ruptura de más fibras y el empeoramiento de la lesión. También puede ser recomendable una cierta compresión o utilizar un vendaje que no llegue a inmovilizar el músculo.
  • Fármacos: medicamentos como los antiinflamatorios alivian la dolencia y reducen la inflamación.
  • Aplicación de frío en la zona: la utilización de hielo o de bandas de gel, por ejemplo, reduce la inflamación y ayuda a calmar el dolor por rotura de fibras.
  • Rehabilitación: la práctica de estiramientos suaves, guiados siempre por expertos en la materia, es conveniente una vez ha desaparecido el dolor.  Por lo general, es conveniente realizar varias sesiones al día, así como aplicar calor tras cada una de ellas.

Cómo prevenir una rotura de fibras

Al igual que ocurre con cualquier otra lesión, poner en marcha una serie de pautas es de gran ayuda para prevenir una rotura fibrilar:

  • Realizar un buen calentamiento previo a la práctica de ejercicio físico (incluyendo todas las articulaciones): esta acción prepara a nuestros músculos para que reaccionen correctamente ante estímulos de actividad.
  • No excederse en las actividades: los músculos se fatigan y no responden bien si se fuerzan en demasía.
  • Una correcta hidratación: el ejercicio propicia que se pierdan muchas sustancias necesarias para nuestro cuerpo (agua y sales). De ahí la importancia de reponerlas.
  • Respetar la recuperación si hay lesión: es imprescindible seguir las distintas fases del tratamiento indicadas por el profesional, ya que están estudiadas para ayudar al cuerpo a regenerarse. De no ser así, los estímulos incorrectos pueden propiciar que el tejido sea de nuevo frágil y que, en consecuencia, pueda volver a  enfrentarse a una rotura.